En la adultez, a diferencia de otras etapas vitales, hay un mayor bagaje en cuanto a vivencias y experiencias vividas, lo cual permite obtener recursos personales para enfrentarse a las diferentes situaciones de la vida. 

 

En esta etapa entran en juego diversos factores; la vida laboral, la vida familiar, de pareja, hijos, el hogar, el sostén económico, entre otros. A veces en una o diversas de estas áreas pueden aparecer situaciones nuevas, difíciles o estresantes, que son complejas de gestionar, como por ejemplo:

 

·         Rupturas de pareja (separación, divorcio)

·         Maternidad y paternidad (embarazo, abortos, nacimiento, postparto, cambio de roles en la parentalidad)

·         Gestación y crianza (dificultades en la concepción, FIV, adopción) 

·         Pérdidas significativas (familiares, amistades, parejas, mascotas)

·         Cambios de residencia

·         Migraciones

·         Nuevas situaciones laborales (cambios de puestos y cargos, ascensos, ERTE, despidos, paro)

·         Acontecimientos médicos relevantes (rehabilitación, cáncer, operaciones quirúrgicas)

En ocasiones, estas situaciones nos sobrepasan y pueden generar malestar, tristeza, estrés, sufrimiento, ansiedad, desconcierto, confusión, sensación de estancamiento y/o insatisfacción. También es posible que a través del cuerpo se experimenten ciertas dolencias, como por ejemplo: dolor de cabeza, tensión en los hombros, dolor de barriga, apretar mucho los dientes (bruxismo), entre muchas otras. 

En todas estas situaciones, la psicoterapia sería una herramienta recomendable, enfocada a reducir el malestar que estas generan, así como aumentar la capacidad de gestionarlas y conseguir de este modo un mayor bienestar.